Cómo mejorar la experiencia del candidato

    05/10/2025
    3 min de lectura
    Eduardo Pereyra
    Eduardo PereyraFounder & SR Recruiter

    Cuando alguien habla de "experiencia del candidato" suele sonar a política de recursos humanos de empresa grande. Para un recruiter independiente es algo más directo: por cada cliente que te contrata hay treinta personas que pasaron por un proceso tuyo y se formaron una opinión.

    Esa opinión no se ve en ninguna métrica, pero decide si te recomiendan, si te contestan cuando volvés a escribirles y si aceptan una entrevista con vos en lugar de con otro.

    Qué molesta de verdad

    No es el rechazo. La mayoría de los candidatos entiende perfectamente que hay una sola vacante y varios postulantes.

    Lo que molesta es la incertidumbre. No saber si el CV llegó, si el proceso sigue abierto, si aquella entrevista de hace tres semanas tuvo algún resultado. La persona no puede planificar: no sabe si seguir buscando en serio o esperar.

    Y molesta el tiempo invertido sin retorno. Alguien que pidió permiso en su trabajo actual, se preparó y contestó preguntas durante una hora, para después no recibir ni un mensaje.

    Decir cuándo, y cumplirlo

    La mejora más grande no cuesta nada: dar un plazo y respetarlo.

    "Te contesto el jueves" y contestar el jueves —aunque sea para decir que no— deja mejor sensación que responder en dos días sin haber avisado nada, porque la persona pudo organizarse mientras tanto.

    Si el plazo se corre, avisá que se corrió. Un "el cliente demoró la devolución, te escribo la semana que viene" mantiene la relación viva. El silencio la termina.

    La devolución después de una entrevista

    Es el momento que más define cómo te van a recordar, y el que más se esquiva porque es incómodo.

    Una devolución útil dice qué pesó en la decisión, en concreto. "Buscaban a alguien con experiencia previa liderando equipos, y ahí estuvo la diferencia" le sirve a la persona. "Decidimos avanzar con otro perfil que se ajustaba mejor" no dice nada.

    No hace falta ser exhaustivo ni dar una devolución de coaching. Alcanza con una razón real y un tono que no suene a formulario.

    Y si no vas a volver a considerar a esa persona, no digas que la vas a tener en cuenta. Esa frase, repetida sin intención de cumplirla, es parte de por qué los candidatos desconfían.

    Procesos que no se estiran de gusto

    Cada semana que pasa es una semana en la que el candidato puede aceptar otra oferta. Los procesos largos no solo frustran: te hacen perder a los mejores, que son justamente los que tienen alternativas.

    Buena parte de la demora no depende de vos, sino del cliente que tarda en dar devoluciones. Ahí tu trabajo no es esperar en silencio: es hacer seguimiento y contarle al candidato en qué está.

    Del lado que sí controlás, la fricción evitable suele estar en los formularios eternos, en pedir el CV dos veces y en la coordinación de horarios por cadena de mails.

    El que no quedó también cuenta

    Es donde casi todos aflojan, y donde más se define la reputación. Alguien que quedó afuera pero recibió una respuesta clara habla bien de vos; alguien que quedó esperando, no habla o habla mal. Si te falta el texto, hay plantillas para responderle a cada candidato según la etapa en la que quedó.

    Conviene diferenciar por cuánto invirtió la persona. Quien mandó un CV y no avanzó puede recibir un aviso breve. Quien tuvo una entrevista con vos merece un mensaje escrito por vos. La línea está en si hubo conversación.

    Cómo saber qué se dice de vos

    El problema de la experiencia del candidato es que no te llega feedback: la gente que se fue con mal sabor no te lo dice, simplemente no te vuelve a responder.

    Una encuesta corta al cerrar el proceso resuelve parte de eso. No por el puntaje, sino porque a veces alguien escribe una línea que te muestra algo que no estabas viendo.

    En Hilancer eso está automatizado: al cerrar el proceso se envía una encuesta al candidato. Los avisos de cambio de etapa también salen solos, con tu firma en el email, y el candidato tiene un panel donde ve en qué estado está su postulación sin tener que escribirte para preguntar. Esa parte —la de informar— es la que conviene sacarse de encima, justamente para que te quede tiempo para las devoluciones que sí requieren que las escribas vos.